Divagar es hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado. Caballa es el apodo que reciben gustosos los oriundos de Ceuta como yo.
21 Enero 2008
19 Enero 2008
[Traducido del ingles para La Haine por Felisa Sastre] Se puede tomar una ciudad entera- por ejemplo Tokio-, rodearla de unas puertas electrificadas y que una sola persona tenga la llave de la unica puerta de la ciudad. Si en cualquier otra parte del mundo se supiera que una ciudad estaba a merced de un guardian, como si fuera una carcel, se sentirian conmocionados. No se permitiria que pasara un solo dia mas sin protestar. Pero el mundo lo acepta en Israel.
14 Noviembre 2007

Roger Garaudy en "Los Mitos Fundacionales de la Politica Israeli" dice que en noviembre de 1976 Nahum Goldmann, presidente del Congreso Judio Mundial, que vino a Washington a ver al Presidente y a sus consejeros Vance y Brzezinski, dio un consejo inesperado a la administracion Carter: "Hacer añicos el lobby sionista en los Estados Unidos".
3 Noviembre 2007
![]() |
|||
|
Azmi Bishara para Al Ahram Weekly. Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
|
|||
|
2007-11-02
|
|||
|
Si desean entender la magnitud de la tragedia palestina y la inmensidad de su encrucijada, echen un vistazo al reciente decreto emitido por el Ministerio israelí de Educación, en el que, resumiendo, se pide a los escolares judíos y árabes que firmen la declaración israelí de independencia como parte de las celebraciones que van a marcar el 60 aniversario del Estado de Israel.
En una declaración distribuida a los colegios, la Sociedad y Administración de la Juventud israelí fija los siguientes objetivos para el jubileo: “Que el sistema educativo judío y árabe conmemore el transcurso de 60 años desde el establecimiento del Estado de Israel; fortalecer el sentido de pertenencia, orgullo y amor hacia ese Estado de 60 años entre todos los que asisten a instituciones educativas; ayudar a todos los jóvenes judíos, musulmanes, cristianos, drusos y de otras religiones a formarse una visión clara de Israel como estado judío y democrático; inspirar un sentido de responsabilidad y compromiso social entre los jóvenes y animarles para que se conviertan en sujetos activos en los asuntos sociales”. Una rápida mirada a ese texto es suficiente para comprender que no hay árabes palestinos en Israel; son, en primer lugar, israelíes, y después “musulmanes, cristianos, drusos u otros”. El estudiante árabe, según este objetivo educativo inspirativo, tiene que amar a Israel, ser israelí y sentirse orgulloso de serlo, ni más ni menos. Cuán encomiable sería si un memorando así llegara a distribuirse (con el adecuado cambio de nacionalidad) entre los bisoños ciudadanos de Líbano, Iraq y algún otro lugar. En Israel, sin embargo, resulta muy fuerte presentarse con un documento tan grotesco. Aquí está funcionando una modalidad persistente de colonialismo. No ha sido suficiente para esta empresa colonialista con apoderarse de la tierra de un pueblo, expulsar a sus habitantes, traer a otros para que ocupen su lugar, destruir los cimientos y la estructura de toda una sociedad y después justificar todo eso a partir de una promesa divina, mientras que, al mismo tiempo y con el mismo grado de sinceridad, se considera a sí mismo como un movimiento de liberación nacional laico. No, insiste, su víctima debe admirarle y reconocer no sólo su existencia sino también su legitimidad histórica. Se siente completamente resuelto a dejar su huella bajo la piel de sus víctimas mediante la firma ritual de una declaración de independencia que simultáneamente celebre la derrota de los otros. La empresa colonialista sionista es única en su obsesión perpetua con la identidad, su insistencia en jugar el papel de víctima y la implacable persistencia con la que busca legitimarse a sí misma inspirando la admiración de sus víctimas, como si les hubiera hecho un gran favor liberándolas de su territorio e identidad nacionales y se hubiera echado esas “cargas” sobre sus propios hombros. A cambio de tan magnánimos sacrificios espera que sus víctimas demuestren su gratitud manteniéndose junto a ella en sus luchas y compartiendo sus penas por haberse visto obligados a infligir tales desastres a otros. Ante cualquier muestra de ingratitud de esas víctimas –cuando, por ejemplo, intentan reconstruir su propio destrozado nacionalismo- les apunta con un dedo amenazador y les recrimina que se están volviendo hacia la demagogia y chauvinismo nacionalista y otras modas anticuadas en esta era de globalización. Sólo Israel tiene derecho a ser chauvinistamente nacionalista, a monopolizar para sí mismo el privilegio de sufrir las tribulaciones que provengan de ese hecho: mientras tanto, sus víctimas deben aprender a expresar su comprensión o, al menos, a aprender a vivir con él. Las manifestaciones de chauvinismo e infatuación con símbolos nacionalistas aparecen por todas partes: en los himnos nacionales, en las marchas patrióticas, en las casi militares sociedades de scout, en las banderas en todos los colegios y placas, en las leyes que se promulgan con regularidad temporal sobre cómo tratar las banderas y símbolos sionistas. ¿No indica todo esto un chauvinismo nacional y un grado de fanatismo extraño en el mundo de hoy? Hacer que los escolares, incluso los escolares judíos, firmen la declaración de independencia nacional, supone elevar el nacionalismo al nivel de rito religioso, con los escolares, bolígrafo en mano, encarnando místicamente a los venerables padres fundadores de la nación. Si los árabes llegaran a hacer algo remotamente similar, Israel no podría contener su sarcasmo. Israel se basa oficialmente en una ideología ultra-nacionalista que se reproduce continuamente a través de todos los matices del espectro político. Pero se supera a sí mismo con ese decreto del Ministerio de Educación por el que se pide a los estudiantes árabes que firmen su declaración de independencia. El pensamiento y la acción colonialista se han disfrazado a sí mismos bajo una vestimenta de igualdad y corrección política. No hay discriminación entre unos y otros escolares, parece decir, en tanto que en realidad se da el colmo de la discriminación racial: al alumno judío se le pide que afirme su misma etnia (o en términos de diván psiquiátrico: que niegue su individualidad y asimile la identidad del proyecto nacional); al alumno árabe se le está pidiendo que niegue su etnia y que distorsione su identidad mediante su identificación con el proyecto colonialista que envió a su pueblo al exilio y negó su existencia. El actual Ministro de Educación y Cultura, a quien se le debe esta iluminada y genial idea, representa al ala liberal del establishment sionista. La izquierda sionista, representada históricamente por el Movimiento Laborista Sionista y sus retoños, fue la fundadora, en la práctica, del proyecto de Estado israelí: tomó las armas y combatió a los árabes, forjó relaciones con Gran Bretaña y luego con EEUU, demolió el proyecto nacional palestino y construyó el suyo propio sobre las ruinas. Es autora de ideas tales como la coexistencia árabe-israelí basada en la fraternidad árabe-judía, o de un odio compartido entre Israel y los árabes pobres hacia los reaccionarios árabes y las clases árabes superiores (a cuyos representantes contemporáneos Israel está cortejando para concluir tratados y de paz y alianzas contra los árabes pobres y contra los nacionalistas árabes, sí como contra el pan-arabismo y el “extremismo” islamista). Esta izquierda sionista se opuso en sus orígenes a los liberales que se aliaron con la derecha sionista. Sin embargo, la izquierda sionista ha cambiado ahora para aliarse con los liberales de la sociedad israelí y desde esas filas es que ha surgido la perversa idea de que los escolares árabes deben firmar el documento de la independencia nacional sionista. Desde luego, no atribuyo al estado sionista todas las maldades concebibles, y mucho menos el poder de la magia diabólica, como algunos menos familiarizados con la naturaleza de su proyecto podrían hacer. Ni tampoco confundo mi análisis sobre el decreto del Ministerio de Educación con las justificaciones citadas por sus autores. Los liberales sionistas tienen obviamente una postura diferente de la mía sobre el decreto. Miran la declaración de independencia, en la cual un párrafo llama a la igualdad de todos los ciudadanos independientemente de su religión, raza o sexo, como un documento relativamente progresista, en verdad es así si se lo compara con la predominante cultura política racista que ha infectado los colegios y a los jóvenes. Como tal, firmar ese documento se convierte en un acto iluminado, al revivir los “valores universales” sobre los que se fundó Israel. Al mismo tiempo, los liberales que propusieron la idea no serán atacados por ser “suaves” o “traidores” porque todo lo que ellos tienen que hacer para probar su lealtad y patriotismo es señalar hacia el texto sionista más importante. Cualquiera que sea el valor que esta justificación tiene, se extiende sólo hasta la batalla que determina la naturaleza de la cultura dominante entre un publico israelí judío. Pero eso no cuela en la sociedad árabo-israelí. Para los árabes, la discriminación no es un fenómeno de progenie reciente que ha tomado un repentino y peligroso giro con la extensión de una cultura racista entre los escolares judíos. Existía mucho antes de la ocupación de 1967, a pesar de todas las santidades, de boquilla, de la declaración de independencia de Israel. Los liberales israelíes creen que al apelar a una retirada de los territorios árabes ocupados en 1967, están pidiendo que Israel vuelva a su naturaleza original, como si en la etapa anterior a 1967 Israel hubiera sido un modelo de democracia, derechos humanos e igualdad. Piensan que oponiéndose a la ocupación están afirmando una primera y mejor ciudadanía. Pero el hecho es que esa ciudadanía nunca pensó en una igualdad con los árabes. Al mismo tiempo que se proclamó la independencia del estado sionista sobre la tierra de Palestina, la Haganah (*) se estaba preparando para apoderarse de toda Palestina y expulsar a todos sus habitantes árabes. Entonces, una vez que se llevó a cabo el establecimiento oficial del Estado y la provisión de la declaración de independencia pidiendo la igualdad de todos los ciudadanos, los árabes fueron puestos bajo la ley marcial y se aprobaron toda una serie de leyes para confiscar su tierra. De forma sistemática, se les fue discriminando en todos los aspectos de la vida. Permítanme asumir por un momento el papel de abogado del diablo: Hasta ahora, Azmi, sólo has hablado de prácticas sionistas, en tanto que el documento bajo discusión es magnífico. Sólo porque la práctica se desvía del texto, ¿por qué tirar al bebé por el agua del water? En primer lugar, la declaración israelí de independencia no es una teoría abstracta. Significó llevar a cabo la proclamación y modelación del proceso de construcción de la nación sobre la base de sus disposiciones constituyentes, especialmente la definición del sionismo como movimiento nacional que tiene como objetivo establecer un Estado sobre la base de un autoproclamado derecho religioso e histórico basado en las escrituras bíblicas y en la continuidad “ininterrumpida” de la presencia judía en Palestina. ¿Y qué hay del párrafo sobre la “igualdad”? El documento intentaba también camuflar la naturaleza de la empresa colonialista sionista y cumplir con su función. El compromiso con el principio de igualdad fue uno de los requisitos previos para que Israel fuera aceptado en la ONU. La declaración de independencia no es una teoría que se torció al ser aplicada. Fue la proclamación oficial de una visión ideológica que, de hecho, se ejecutó en la práctica. No sólo era una visión para erigir un proyecto colonialista sobre las ruinas de la sociedad palestina, sino que también servía para levantar un Estado en el cual la afiliación nacional se define por una afiliación religiosa. Representa claramente, en ese contexto, un rito nacionalista de transubstanciación; firmar un trozo de papel con bolígrafo significa una cosa cuando quien la lleva a cabo es un alumno judío y otra completamente diferente cuando el que realiza es un alumno árabe. En el primer caso, es una afirmación de la identidad religiosa y nacional que se unifican en el alumno, en el segundo es una mutilación psicológica, moral y cultural. Sólo para refrescar la memoria, echemos una ojeada a algunos de los párrafos del documento que se espera firmen los estudiantes árabes e israelíes: “La Tierra de Israel fue el lugar de nacimiento del pueblo judío. Aquí se formó su identidad espiritual, religiosa y política. Aquí obtuvieron por vez primera la estatalidad, crearon valores culturales de significación universal y nacional y le dieron al mundo el eterno Libro de los Libros. Después de ser exiliados a la fuerza de su tierra, el pueblo conservó su fe a pesar de la Diáspora y nunca cesó de rezar y confiar en volver a ella para restaurar su libertad política. Impulsados por este compromiso histórico y tradicional, los judíos se esforzaron en todas las generaciones sucesivas para volver a establecerse en su antigua patria. En las recientes décadas regresaron masivamente. Pioneros, inmigrantes y defensores, hicieron que el desierto floreciera, revivieron la lengua hebrea, construyeron pueblos y ciudades y crearon una próspera comunidad que controlaba su propia cultura y economía, amantes de la paz pero sabiendo cómo defenderse a sí misma, llevando los beneficios del progreso a todos los habitantes del país y aspirando a una nacionalidad independiente. En el año 5657 (1897), convocados por el padre espiritual del Estado judío, Theodore Herzl, el Primer Congreso Sionista convocó y proclamó el derecho del pueblo judío al renacimiento nacional en su propio país. Este derecho fue reconocido en la Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917…”. A los estudiantes árabes de Israel se les pide ahora que refrenden esta negativa de su propia existencia. Además, cuando lleguen al célebre párrafo sobre la igualdad, se encontrarán con que está tomado de la visión de los profetas de Israel y aparece casi como una ocurrencia tardía ante el derecho al retorno judío: “El Estado de Israel se abrirá a la inmigración judía y para la Reunificación de los Exilios; fomentará el desarrollo del país para beneficio de todos sus habitantes; se basará en la libertad, justicia y paz como se contempló por los profetas de Israel; asegurará una igualdad completa de derechos sociales y políticos para todos sus habitantes, independientemente de su religión, raza o sexo; garantizará la libertad de religión, conciencia, lengua, educación y cultura; protegerá los Santos Lugares de todas las religiones; y será fiel a los principios de la Carta de Naciones Unidas.” N. de la T.: (*) La Haganah, significa en hebreo “la defensa”. Fue una organización paramilitar judía durante la época del Mandato Británico de Palestina, de 1920 a 1948. Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Hagan%C3%A1 Enlace con texto original en inglés: http://weekly.ahram.org.eg/2007/868/op1.htm |
|||
2 Octubre 2007
27 Septiembre 2007

Por Mario del Carril
Para LA NACION
WASHINGTON
Ayer apareció en las librerías de Washington y otras ciudades norteamericanas el libro El lobby de Israel y la política exterior de Estados Unidos, de los profesores John J. Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, y Stephen M. Walt, del Instituto Kennedy, en la Universidad de Harvard.
Este libro –publicado por Farrar, Staus y Giroux– es un nuevo intento de esclarecer la relación entre el Estado de Israel y la política exterior de los Estados Unidos. Se anticipa, como ha ocurrido en otras ocasiones, que los argumentos que se esgrimirán contra los señores Mearsheimer y Walt irán más allá de señalar errores de hecho, lógica e interpretación para desacreditar las intenciones de los autores, sugiriendo que es un libro antisemita.
La tesis de Mearsheimer y Walt, que es compartida sotto voce por mucha gente influyente en Estados Unidos, afirma que el lobby de Israel en este país ha manipulado con éxito la política exterior norteamericana, a tal punto que hoy la relación con Israel es perniciosa para los intereses norteamericanos en Medio Oriente. El nudo de su argumento es que en la Guerra Fría, Washington, al apoyar a Israel, fortalecía su posición en Medio Oriente, pero hoy ese apoyo irrestricto estorba sus relaciones con países árabes. Así, por la influencia de Israel, Estados Unidos no criticó la guerra del Líbano, de 2006, no pudo presionar a Israel para que arreglara con los palestinos y abortó conversaciones con Siria e Irán.
Los amigos de Israel y las organizaciones que defienden las posiciones e influencia del lobby de ese país han montado una campaña contra el libro. El director general de B’nai B’rith, Abraham H. Foxman, la renombrada y antigua organización judía que lucha contra el antisemitismo y por los derechos humanos y que tuvo una destacada actuación en la defensa de los derechos humanos en la Argentina, ha escrito un libro de respuesta a la tesis de Mearsheimer y Walt. El título de su respuesta exhibe la retórica agresiva propias de estos encontronazos: Las mentiras más mortíferas: el lobby israelí y el mito del control judío. El trabajo de Foxman también apareció ayer en las librerías.
El argumento de Foxman se basa en el hecho bastante cierto de que los muy variados grupos pro Israel no comparten una agenda y que es falso que la política exterior norteamericana sea controlada por la acción de estos grupos. De esta manera, se establecería que la tesis de Mearsheimer y Walt es una teoría conspirativa indigna de ser considerada en el mundo académico.
No habrá una conspiración para influir en la política norteamericana por parte del lobby judío, pero existe una acción bastante coordinada para limitar la discusión de este libro. Mearsheimer y Walt han sido “desinvitados” a una discusión en el Centro para las Humanidades del Centro de Graduados de la Universidad de Nueva York y también del Consejo de Chicago, sobre temas globales.
Esta acción de acallar la discusión de temas y tesis controvertidas sobre Israel en el extranjero, últimamente se ha repetido más de una vez. Tengo entendido que esto no ocurre tanto en Israel, donde hay una sociedad abierta y contestaria. Pero en Estados Unidos, y hasta en Europa, se ve un fenómeno distinto. El mismo esfuerzo para desacreditar al autor e impugnar desde el vamos el contenido de un trabajo crítico sobre Israel lo padeció hace unos meses el ex presidente Jimmy Carter, quien escribió Palestina: Paz no Apartheid. Personalmente creo que se debe colocar en la misma categoría de reprimir opiniones controvertidas la legislación europea que prohíbe negar la existencia del Holocausto. ¿Por qué hay que penalizar a quienes afirman disparates? ¿Por qué se ha de meter a una persona presa por afirmar que la Tierra es chata?
Hace unos años presencié en el templo Emanu-El, de la Quinta Avenida, en Nueva York, la ceremonia anual de la clausura de los cursos, graduación, ordenación e investidura de rabinos y cantores del Hebrew Union College, Instituto Judío de Teología. En esa ceremonia fueron ordenados 21 rabinos (ocho eran mujeres) y ocho cantores, de los cuales cuatro eran mujeres. En esa ceremonia le fue entregado a Emilio Mignone, en representación del CELS argentino, el Premio Joseph.
Este premio se otorga todos los años a quienes luchan por los derechos humanos y la libertad de opinión en todo el mundo. En la ceremonia, en la que hablaron varios, se levantó un rabino con un libro de Mignone sobre la Iglesia, en la mano, escrito para contribuir a formar lo que llamaba una opinión interna en la Iglesia, es decir, un espacio para discutir y analizar problemas controvertidos. El rabino dijo que en el Estado de Israel el rabino mayor y otros religiosos habían cohonestado las acciones represivas ilegales que ahí habían tenido lugar.
Esta historia es pertinente para mostrar lo que está faltando en el medio cultural de lo que se llama el lobby de Israel en Estados Unidos, que tiende a reprimir las ideas controvertidas, porque cree, honestamente, que pueden perjudicar a Israel. Para muchos admiradores del pueblo y la cultura judías, esta represión de ideas, que cree en el espacio semántico de lo que no se puede decir, no es sólo una limitación del intelecto y la tolerancia: es también una paradoja.
Hace años una revista argentina, Carta Política, publicó un artículo sin firma, bastante absurdo, sobre la comunidad judía en la Argentina. Allí, sin embargo, se le atribuye a la cultura judía una característica que si no es verdadera no es una mentira. El autor de la nota afirmó que la tradición judía contiene fuertes elementos contestatarios que se encuentran en el Antiguo Testamento y también en el proceso de secularización de los tiempos modernos, uno de cuyos héroes fue Baruch Spinoza.
¿Por qué, entonces, organizaciones judías que defienden a Israel y que son herederas de esta tradición contestaría, como la B’nai B’rith, hoy intentan limitar la libertad de opinión en temas de política internacional que son vitales para Estados Unidos e Israel? ¿Se teme algo?
En estos últimos seis años los intereses norteamericanos en Medio Oriente han sufrido. El país ha perdido dinero y vidas en un esfuerzo por crear en Irak un sistema político que por ahora es disfuncional y poco promete. Muchos norteamericanos ya se preguntan por qué están ahí. Obviamente, el lobby de Israel no quiere que se conteste esa pregunta diciendo que la invasión de Irak y la ocupación de ese país se explica en términos de los intereses nacionales de Israel, y no de Estados Unidos. Si el norteamericano medio llega a esta conclusión, sea cierta o no, habrá una reacción no muy predecible. Este temor no es un disparate, pero no se responde al problema escondiéndolo. Es más provechoso estudiarlo abiertamente, sin recriminaciones, que dejar que se mantenga como una realidad no vista que crea desconfianza, especialmente, cuando los que se organizan para defender a Israel en EE.UU. hacen todo lo que pueden para evitar analizar el tema en profundidad. Esto no quiere decir que Mearsheimer y Walt tienen razón, pero mucha gente va a creer que tienen razón en la medida en que se intenta coartarles la libertad para expresar sus opiniones.
Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/940823
26 Septiembre 2007

William Hughes
para American Chronicle. Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Atenea Acevedo
2007-09-24
“Imagina que no hay países...
nada por qué vivir o morir...
Imagina a todas las personas viviendo en paz.”
John Lennon
Gracias en gran medida al presidente usamericano Harry S. Truman y a su “susceptibilidad a la influencia sionista”, Israel empezó a existir en 1948. (1) La factura de esa decisión ha sido alta para la humanidad, particularmente para los palestinos. La tierra que los palestinos habían habitado por siglos y en paz con una población judía minoritaria se ha convertido gradualmente en un Estado del apartheid con las maquinaciones del movimiento sionista. A su vez, ese Estado del apartheid se encuentra dominado por la máquina israelí de la muerte, la mutilación y la ocupación. (2)
Uno se pregunta cómo sería el mundo hoy si el Estado de Israel no se hubiera creado en 1948. Su fundación, carente de previsión, parece haber desatado una serie de eventos, la mayoría negativos, para la humanidad. En la película “Click” (Clic, perdiendo el control), el protagonista encuentra un “control remoto universal” que le permite retroceder a distintas partes de su vida y modificar los hechos. Si yo tuviera un “control remoto universal” como ese y pudiera evitar que el presidente Truman ayudara e instigara la fundación de un Estado israelí, especulo (teorizo) que las siguientes 25 propuestas probablemente serían parte de nuestra realidad actual:
1. USA no tendría enemigo alguno en el mundo islámico.
2. No existiría una la red de terroristas de Al-Qaeda.
3. El precio de la gasolina sería de menos de un dólar por galón.
4. No habría ocurrido el 11 de septiembre usamericano.
5. No habría Ley Patriótica en USA.
6. No existiría
7. No habría existido el “poder sin par” que ha ejercido el lobby israelí en la política exterior usamericana durante más de cuarenta años. (Los expertos consideran que su apoyo a
8. Tampoco habría habido ideólogos neoconservadores, como Paul Wolfowitz, William Kristol, Richard Perle, etcétera, que contribuyeran a lanzar (con otros “intereses especiales”) a USA a una guerra ilegal contra Irak. (4)
9. Irán no sería el próximo blanco de la agresión usamericana. (No existe Israel. No existe el documento “Una ruptura limpia”. No existe el lobby israelí. No existen los neoconservardores. No existe la necesidad de USA de atacar a Irán). (5)
10. Jonathan Pollard, el mequetrefe sionista, no estaría en prisión por haberse robado secretos militares usamericanos y haberlos vendido a Israel.
11. Los más de tres millones de palestinos obligados a abandonar su patria desde 1948 por las Fuerzas de Ocupación Israelíes (FOI) vivirían felices ahí, en un Estado libre e independiente llamado Palestina. No habría un muro del apartheid ni, como corolario, una organización llamada Hamas. (6) 12. Jerusalén tendría una efervescente población cristiana. (7)
13. Rachel Corrie, de Olympia, Washington, estaría viva y bien. (8)
14. Los 2,544 usamericanos que han muerto en Irak estarían vivos y los 18,777 que han sido gravemente heridos allá serían productivos en nuestra república. Los contribuyentes usamericanos gozarían de la suma de 295,000 millones de dólares (el costo de la guerra) en el erario para satisfacer las necesidades sociales de la gente. La atención médica universal podría ser una posibilidad real y la seguridad social no estaría en peligro. Irak estaría en paz. No existiría el campo de detención de Guantánamo ni la prisión de Abu Ghraib; no habría una razón para que la pandilla Bush-Cheney Gang destazara la figura del Habeas Corpus. Tampoco sería necesario que la pandilla recurriera a torturadores y armas químicas, ni que retuviera a los detenidos sin cargos penales o juicios. Se respetaría
15. La prioridad número uno sería la batalla para salvar al planeta, su frágil ecosistema y su menguante vida silvestre, y la batalla para combatir el calentamiento global. (10) Lejos de ello, todo el tiempo se nos bombardea con propaganda sobre la importancia de defender “la seguridad de Israel”.
16. Si no existiera Israel, nadie habría arrestado a los “cinco israelíes danzarines” el 9 de septiembre de 2001. Los agarraron después de “celebrar” en Nueva Jersey mientras veían a las Torres Gemelas desplomarse. (11)
17. Los contribuyentes usamericanos tendrían en los bolsillos $140,000 millones más que ahora. Esa es la pasmosa suma que han apoquinado en los últimos 58 años para apoyar los rapaces intereses del cartel sionista. (3)
18. Los 34 usamericanos a bordo del USS Liberty, masacrados por las FOI el 8 de junio de 1967 estarían vivos; los otros 174 que resultaron heridos no tendrían que haber soportado experiencias tan terribles. Se habría evitado la vergüenza que arrastra USA por no haber defendido rápidamente a los hombres del Liberty y tomado represalias contra los israelíes por atacar deliberadamente su buque. (12)
19. El 13 de junio de 2006, las FOI mataron a diez palestinos, entre ellos tres médicos y dos niños, en
20. Paul Bremer, criado de Henry “Yago” Kissinger, nunca habría sido nombrado virrey del Irak ocupado. No existe Israel. No existe
21. Una de las razones por las que
22. Ningún embajador francés habría tenido necesidad de referirse a Israel como “ese paisito de mierda”. (16) De hecho, los judíos del mundo habría sido liberados para ir en pos de su más profunda búsqueda espiritual conforme a su propia religión, el judaísmo. Según el muy respetado rabino ortodoxo Dovid Yisroel Weiss, “el sionismo secuestró al judaísmo”. Este valiente rabino insiste en que “el sionismo genera antisemitismo…y sabemos…que el sionismo es la causa principal del dolor, el sufrimiento y el derramamiento de sangre del pueblo judío...y ellos (los sionistas) son la mayor fábrica de antisemitismo alrededor del mundo...el judaísmo y el sionismo no son la misma cosa. Son diametralmente opuestos...No debemos confundirlos. Y tampoco tenemos por qué ser responsables de las acciones de los sionistas…Ahora bien, otro de los problemas efectivamente derivados del movimiento sionista es el hecho de que sus seguidores cercenan los derechos del pueblo palestino, el pueblo originario de este lugar. Eso está muy, muy mal. Se contrapone a todos los conceptos contenidos en
23. Miles de israelíes han muerto en el intento de construir una nación en una tierra, Palestina, que pertenecía a otro pueblo, los palestinos. Se habrían evitado sus muertes. (18)
24. Nunca se habría dado el espionaje generalizado de usamericanos, sin orden judicial, a manos de operativos de la pandilla Bush-Cheney. (No existe Israel. No existe el 11 de septiembre usamericano. No existe el espionaje contra ciudadanos usamericanos).
25. El 4 de abril de 2003, un sondeo de opinión realizado en
Notas
1. http://www.counterpunch.org/clark06032006.html
2. http://www.marxists.de/middleast/schoenman/index.htm
3. http://ksgnotes1.harvard.edu/Research/wpaper.nsf/rwp/RWP06-011/%24File/rwp_06_011_walt.pdf y http://www.counterpunch.org/christison06162006.html
4. http://batr.net/neoconwatch/archives/2004_12_01_neoconswatch_archive.html y http://www.whatreallyhappened.com/offtowar.html
5. Chalmer Johnson, “Sorrows of Empire”.
6. http://www.ameu.org/index.asp
7. http://hcef.org/hcef/; Scott McConnell’s “Divided & Conquered,” TAC, 07/03/06; http://woodstock.georgetown.edu/publications/column_Feb2001.htm y http://www.icahduk.org/documents/SupportSabeel.htm
8. http://www.rachelcorrie.org/
9. http://www.afterdowningstreet.org/uncensored
10. http://www.globalpublicmedia.com/lectures/448
11. http://www.whatreallyhappened.com/fiveisraelis.html
12. http://www.ussliberty.org/
13. http://www.pchrgaza.org/
14. http://www.guardian.co.uk/Iraq/Story/0,2763,1522983,00.html
15. Peter Dale Scott, “Deep Politics and the Death of JFK” y Stephen Green, “Taking Sides:
17. http://www.nkusa.org/index.cfm and http://usa.mediamonitors.net/headlines/rabbi_weiss_rips_ariel_sharon_zionism y http://baltimore.indymedia.org/newswire/display/5200/index.php
18. http://wrmea.org/
19. http://www.dw-world.de/dw/article/0,,1022127,00.html
20. Ravi Nessman, “Israel Steps Up Offensive,” AP, 07/03/06; Boston Globe, “Agony of Gaza,” 07/07/06 y http://news.independent.co.uk/world/middle_east/article1095841.ece
© William Hughes 2006.
William Hughes es autor de “Saying ‘No’ to the War Party” (IUniverse, Inc.). Puede contactársele por correo-e en liamhughes@comcast.net.
Enlace texto original en inglés: http://www.americanchronicle.com/articles/viewArticle.asp?articleID=11391
Atenea Acevedo pertenece a los colectivos de Tlaxcala y Rebelión. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente
18 Septiembre 2007
A propósito del premio Príncipe de Asturias de

Amira Hass
Podrá argumentarse que durante las primeras dos décadas, gran parte de esta actitud pudo ser atribuida a la falta de información y a la ausencia muy humana de la capacidad de concebir todo el significado del genocidio industrializado perpetrado por Alemania. Pero la percepción de los aspectos materiales del Holocausto comenzó muy temprano, cuando las instituciones judías y sionistas comenzaron, a comienzos de los años cuarenta, a discutir la posibilidad de exigir reparaciones. En 1952, se firmó el acuerdo de reparaciones con Alemania, por el cual dicho país aceptó pagar cientos de millones de dólares a Israel para cubrir los costes de absorción de los supervivientes y de su rehabilitación. El acuerdo obligó a Alemania a compensar también individualmente a los supervivientes, pero la ley alemana diferenció entre los que pertenecían al "círculo de la cultura alemana" y otros. Los que pudieron probar una conexión con el círculo superior recibieron sumas más elevadas, incluso si habían emigrado a tiempo de Alemania. Los supervivientes de los campos de concentración de fuera del "círculo" recibieron la ridícula suma de 5 marcos por día. Los representantes israelíes se tragaron esa aberración.
Esto forma parte de las raíces del cinismo financiero al que son expuestos los medios actualmente, debido a diferentes razones: la edad avanzada y la salud en disminución de los supervivientes, el debilitamiento intencional del Estado de bienestar, la presencia de supervivientes de la antigua Unión Soviética que no están incluidos en el acuerdo de reparaciones, el activismo en los medios de organizaciones de asistencia no gubernamentales y la bienvenida participación de periodistas de asuntos sociales.
Se sienten espantados por la brecha entre la apropiación oficial del Holocausto, que es percibida en Israel como comprendida y justificada, y el abandono de los supervivientes.
El que se convierta el Holocausto en un instrumento político sirve a Israel primordialmente para su lucha contra los palestinos. Con el Holocausto a un lado de la balanza, junto con la culpable (y es correcto que así sea) conciencia de Occidente, el desposeimiento de los palestinos de su patria en 1948 es minimizado y desdibujado.
La frase "seguridad para los judíos" ha sido consagrada como un sinónimo exclusivo para "las lecciones del Holocausto." Es lo que permite que Israel discrimine sistemáticamente a sus ciudadanos árabes. Durante 40 años, la "seguridad" ha justificado el control de Cisjordania y Gaza y de individuos que han sido desposeídos de sus derechos y que viven junto a los residentes judíos, ciudadanos israelíes repletos de privilegios.
La seguridad sirve para crear un régimen de separación y de discriminación sobre una base étnica, de estilo israelí, bajo el auspicio de "conversaciones de paz" que duran una eternidad. La conversión del Holocausto en un instrumento permite que Israel presente todos los métodos de la lucha Palestina (incluso los sin armas) como otro vínculo en la cadena antisemita cuya culminación es Auschwitz. Israel se otorga la licencia de inventar más tipos de cercas, muros y torres de vigilancia militar alrededor de los enclaves palestinos.
El aislamiento del genocidio del pueblo judío del contexto histórico del nazismo y de sus objetivos de asesinato y subyugación, y su separación de la serie de genocidios perpetrados por el hombre blanco fuera de Europa, ha creado una jerarquía de las víctimas, a la punta de la cual estamos nosotros. Los investigadores del Holocausto y del antisemitismo andan a tientas a la busca de palabras cuando en Hebron el Estado realiza la limpieza étnica a través de sus emisarios, los colonos, e ignora a los enclaves y el régimen de separación que está estableciendo. Quienquiera critique las políticas de Israel hacia los palestinos es denunciado como antisemita, si no como un negador del Holocausto. De modo absurdo, la deslegitimación de toda crítica de Israel sólo hace que sea más difícil refutar las fútiles ecuaciones que se hacen entre la máquina nazi de asesinato y el régimen israelí de discriminación y ocupación.
El abandono institucional de los supervivientes es justamente denunciado en general. La transformación del Holocausto en un instrumento político para su uso en la lucha contra los palestinos se alimenta de los mismos arsenales de cinismo oficial, pero forma parte del consenso.
Amira Hass es periodista israelí, escribe para el diario Haaretz. Es autora de "Drinking the Sea at Gaza."
http://www.counterpunch.org/hass04202007.html
Fuente: Amira Hass para CounterPunch, Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):