Este es el comentario que hice de una reseña que alguien insertó en el portal: www.marruecosdigital.net considerando a Mohamed Sibari, un escritor de tercera fila, como el Pablo Neruda marroquí.
Más tarde, y ante la evidencia, el autor de la reseña se retractó alegando que lo llamó así porque el autor mencionado obtuvo el premio Neruda en el año 2004. Otro resbalón más, los dos prestigiosos galardones que llevan el nombre del insigne poeta, en sus distintas ediciones, no se otorgaron a ningún Sibari.


El considerar a Mohamed Sibari como el Neruda marroquí implica una de estas dos cosas: o el autor de la reseña desconoce quién es Mohamed Sibari, posibilidad harto improbable o que el reseñador no tenga la más remota idea de quién es Neruda.
Confieso que no he leído al poeta Mohamed Sibari (lo de "sidi" me parece un desatino feudal, añejo e inapropiado para nuestro tiempo) y hasta desconozco esta faceta de su “creación” literaria.
A Mohamed Sibari narrador, sin embargo, he tenido la oportunidad de conocerlo personalmente y de leer algunas cosas suyas.
Como persona lo veo como alguien de trato agradable y me merece respeto y consideración. Ahora bien, reconocerlo como escritor me es muy difícil y eso por razones de peso.
Oscar Wilde decía: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo".
En el caso de Mohamed Sibari, le falla lo esencial: la primera regla de Wilde. Este señor, literariamente hablando, no tiene nada que decir y hasta lo poco que puede decir, como no domina suficientemente el lenguaje literario para hacerlo viable se queda a medio camino de la nada.
Evidentemente, por estas razones, sus obras son capítulos de una incesante verborrea vacua y estéril.
Lo que acabo de afirmar puede ser susciptible de una mala interpretación. Se podría considerar, por ejemplo, que el resto de los mal llamados escritores marroquies en español son la normalidad y Sibari la excepción y no es el caso. Por eso, debo añadir que Sibari no es un caso aislado sino la más prominente sinrazón de un fenómeno que se está expandiendo por el panorama mediático para convertirse en una esperpéntica institución marroquí. Me refiero a la mayoría de los que se dan en autoproclamarse “escritores marroquíes en castellano”. Gente que ha sido tentada para destacar como escritores y cuyos sueños superan con creces sus capacidades innatas de escribir literatura en mayusculas.